Abrázame fuerte

Contacto físico. Cada vez más se está perdiendo la costumbre de transmitir lo que sentimos o pensamos a través del contacto. Recuerdo cuando era más pequeña e iba por la calle de la mano de

 mis padres o de mi hermana. Ahora eso se ha dejado de hacer con el consabido de “invades mi espacio personal…”, “déjame mi espacio…”. Si hubieramos dicho eso años atrás nos hubieran mirado con cara rara, tanto si hubieramos sido niños como si fueramos adultos.

De hecho, no hace tantos años y a día de hoy se sigue haciendo eso de vivir con los padres, los abuelos, los niños…todos en casa. Hay que reconocer que conlleva sus incomodidades en cuanto a tema de espacio, un solo baño (esto suele ser caótico pero hay que fijarse en la parte divertida), comidas a lo grande… Mis mejores recuerdos, cuando era más pequeña, era pasar los veranos en el pueblo, casi toda la familia reunida y todos bajo el mismo techo. Recuerdo las noches de risas entre mis tíos, los primos (que eramos casi hermanos), mis abuelos…allí no se dormía pero reir nos reíamos con ganas.

Echo la vista atrás y me doy cuenta que la ciudad me ha vuelto más gris, más huraña, más asocial (aún más de lo que generalmente me dicen que suelo ser). Los saludos parece que cuestan, la gente no mira a los ojos cuando se tropieza contigo por la calle y te empuja sin querer, todo es mucho más impersonal,  entrar a un ascensor y que alguien te de los buenos días (incluido en el trabajo que nos conocemos todos) es todo un triunfo; las personas te miran con cara de desconfianza, se evita el contacto visual en el transporte público, la gente finge estar dormida para no ceder un asiento en el autobús o en el tren. Lo racional se impone, lo emocional está de capa caída. La inteligencia emocional se explica en libros y más libros, es el término que está de moda en empresas de todo tipo pero la inteligencia emocional no se adquiere a través de palabras; se expresa, se practica, se exterioriza.

A los que le suene a chino lo que estoy contando, no es de extrañar de hecho, hay una película que refleja muy bien este aspecto de la inteligencia emocional, aunque hay que saber extraer el mensaje. La película se llama “Cadena de favores”. Mi último abrazo fue ayer, no soy para nada de abrazos ni cariños, siempre he rehuido un poco pero reconozco que me hizo sentir bien. Un abrazo transmite tanto o más que las palabras; un abrazo te dice que la persona que lo da te aprecia, transmite calor y nos hace sentir bien; al fin y al cabo la piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, un abrazo transmite felicidad, ternura, cercanía, afecto, protección.

El “reto” de hoy es dar unos cuantos abrazos, ¿voluntarios?.

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