La sonrisa del payaso

¿Cuántas veces has oído la expresión “…habrá que tomárselo con humor”? Miles de veces, en bocas conocidas y ajenas has visto derramar esa frase. Cada día que pasa, considero más firmemente que, aunque el mundo siga rotando sobre su propio eje y dando vueltas a una bola envuelta en llamas, lo que realmente marca la diferencia entre un día y otro somos nosotros mismos. Reconozco que, en más ocasiones de las que me gustaría admitir, he visto la sucesión de los días como si me encontrará en una película de hace mucho tiempo; “El día de la marmota”. La idea es que el mismo día se repite una y otra vez, todo sucedía de igual manera; el protagonista, por arte de ensayo y error cambiaba sus actos, lo que decía, con quien hablaba, como hablaba, hasta dar con la clave. Por desgracia, en el mundo real no solemos contar más que con una sola oportunidad para hacer las cosas con más o menos acierto.

Tómatelo con humor; claro, a veces es tan sencillo hablar. No me puedo tomar con humor ciertas cosas que no me gustan y veo cada día; pienso en como puedo cambiarlas, pero sin darme cuenta unos cuantos millones de pensamientos abarrotan mi mente en los segundos posteriores, arrinconando esa idea contra los muros de mi cráneo. Sonrío y me río a diario: porque me apetece, porque me gusta, porque mi estado natural es estar rozando el vaso medio lleno (de lo que sea  : ), porque los minutos pasan más deprisa; podría escribir folios y folios de motivos. Como bien decía Peter Pan, hay que buscar tu pensamiento alegre para poder “volar”; todos tenemos un pensamiento que hace que esbocemos una sonrisa o que se filtre un poquitín de alegría por la comisura de nuestros labios. Desde lo más mundano y diario hasta lo más trascendente: que tus compañeros de trabajo te escriban un correo el día que vuelves de vacaciones, el cachorro que ves jugando en el parque, una pareja de abuelitos cogidos de la mano, las fotos de tus últimas vacaciones, una mirada de la persona amada, una nota de ánimo en la nevera antes de un exámen.

Como todo en esta vida, siempre hay un reflejo que es opuesto; el antagonista: el mohín de disgusto escondido tras esa sonrisa brillante de anuncio de dentífrico, esos dedos crispados cerrando una puerta, ese temblar de los labios, esos ojos acuosos que miran hacia arriba intentando coger aire… Siempre nos quedará la sonrisa del payaso; nunca sabes lo que se esconde detrás de ella.

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