La memoria de los olores

En mi memoria los recuerdos se almacenan sin ningún tipo de orden; no hay una clasificación, no hay una estructura, no hay un archivo predefinido..,pero, sin embargo, todo se recoge y se ubica en el lugar preciso. Si alguna vez una situación, una palabra, una frase, una imagen se asocia a ese recuerdo, mi cerebro, como el “superordenador” que es, lo rescata de los confines de mi cerebro y lo devuelve al backstage de mi retina donde se vuelve a proyectar la película de nuevo.

Cuando eres consciente que el uso que le das a tu cerebro no supera en el mejor de los casos el diez por ciento o algo más, pienso como serían las cosas si fueramos capaces de usar un cincuenta por cierto o un ochenta por ciento de nuestra capacidad. ¿Seríamos más racionales y menos emocionales?, ¿sería todo más cuadriculado sin apenas posibilidades de error?, ¿se reducirían de forma drástica asesinatos, accidentes y demás situaciones que comportaran un peligro?…y ¿qué pasaría con el libre albedrío?. Un escalofrío recorre mi espalda hasta la nuca; no necesito más cosas “políticamente correctas” en el día de hoy, puede que mañana tenga que hacerlo yo misma pero hoy ya me he desprendido de la máscaras, la función ha acabado….lo siento, vuelvan mañana.

Siento fascinación por como el cerebro gestiona mis recuerdos y más si estos son recuerdos olfativos. Puedo recordar el olor que desprende cada tienda en la que he estado, compañeros de trabajo, amigas, amigos; identifico perfumes en ascensores, bajando por escaleras, incluso con que una persona pase a menos de dos metros de mí puedo saber por su olor que crema lleva o el suavizante que ha usado para lavar su ropa. La diferencia de esta memoria olfativa  frente a la memoria de cualquier recuerdo o pensamiento es que la memoria al uso puede ser engañada, evitada, interrumpida; puedo conseguir “entretenerla” para que coja una autovía en que se confunda con el resto de ideas y se mezcle entre el tráfico. La memoria olfativa es intratable, necesito respirar ergo si me tropiezo con tu olor estoy perdida. De hecho ya lo estoy; ya ni tan si quiera necesito ese olor para recordarte. Y en el backstage la retina proyecta imágenes de tus ojos, una sonrisa, un roce de tus labios; un albúm de fotos conocidas y ajenas donde soy una simple espectadora. Aunque no te vea, caminando hoy nos hemos cruzado un par de veces; aunque no te sienta, te llevo conmigo.

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