A ciegas

Caminando a oscuras por el pasillo y el salón de casa me he dado cuenta lo diferente que tienen que ser las cosas de siempre pero a ciegas. Como todas las personas que llevan viviendo un tiempo prudencial en una casa, sé donde está cada mueble, cada obstáculo y cuando me deslizo en silencio desde la cama hasta la cocina extiendo los dedos a oscuras a sabiendas del tacto que voy a encontrar en cada momento. Curiosamente, el viernes pasado, como tantos otros días y otros tantos viernes, me encontraba en mi habitual recorrido a las siete menos cuarto de la mañana, con la diferencia en que esta vez (no sabría especificaros el motivo) no había manos que tantearan el terreno. Me dio que pensar cuando llegue a la puerta que comunica el salón con el pasillo y me paré en seco, sabía que estaba cerrada pero me sorprendió el haber medido mis pasos de una forma tan exacta cuando me encontré frente a la puerta; la distancia era la indicada para coger el pomo de la puerta y abrirla.

ciegoSiempre me he preguntado cómo será para las personas ciegas, ciegas de nacimiento. Tus sentidos se afinan, el tacto, el gusto, el oído, el olfato y el sexto sentido; el quinto sentido se ausentó sin dejar señas. ¿Cómo sabes que el rojo es rojo si nunca has visto el color rojo ni nada similar?, ¿cómo se enamora una persona ciega?, ¿la voz, algo suave o rugoso, el perfume de unas flores es más intenso si estás privad@ del sentido de la vista?. Se agolpan todas estas preguntas en mi cabeza, esperando una respuesta. Aún aplicando la lógica y la imaginación creo que es muy abstracta la forma de sentir y de percibir. Se percibe la belleza con los dedos, las yemas recorren cada recoveco de un rostro dibujando la imagen de esa persona. Me imagino los dedos como pequeñas sondas que mapean la superficie y le devuelven a la persona una imagen, ¿cómo será esa imagen en su cerebro?. Es sencillo mirar y procesar millones de bits de información en un segundo, pero cuando no puedes mirar, ver, observar, contemplar…es algo mágico. Ahora se han puesto de moda los restaurantes en los que se organizan cenas a oscuras, tan sólo los camareros (con gafas de visión nocturna) son las únicas personas que ven de forma normal. Y cuando ves un video de una de esas cenas te das cuenta de la torpeza del ser humano una vez que esta acomodado a una rutina plena de estímulos; es cómico.

Y aunque vea con absoluta nitidez, siento que parte de mi también está ciega. Muchas veces nos volvemos ciegos a capricho, otras veces simplemente pasamos de largo; sin querer mirar, a veces es más fácil ver mentiras bonitas que verdades no tan bellas. Mis lágrimas por ti son ciegas, conocen el pequeño camino que lleva al abismo de mi barbilla y allí se dejan caer al vacío. Mis ojos ahora son mudos espectadores…tengo miedo de seguir perdiendo sentidos y no volver a encontrarte.

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