Morfeo & Yo. Primer asalto

Morfeo y yo tenemos una relación distante, demasiado distante. Somos como una pareja bailando vals, cerca pero no juntos. Llevo una cantidad de tiempo más que respetable sin conseguir dormir de una forma más o menos continuada, más o menos normal. No me gusta usar la palabra normal porque nadie define que es normal o que deja de serlo, porque la “normalidad” está hecha de opiniones. El caso es que no duermo lo que debería dormir una persona adulta y la sensación es horrible. Siempre he sido de no dormir mucho ni tener un sueño pesado, de esos en los que aunque los vecinos estén tirando la casa, la persona que duerme no se entera, pero quiero dormir, realmente es algo que anhelo.

¿Por qué me ha tocado en el bando de los que no duermen? Siempre se puede cambiar de bando, ¿no?. Los buenos pueden volverse malos, los malos pueden volverse buenos, las personas de pelo rubio pueden teñirse de negro e incluso las personas con una estatura baja pueden ponerse tacones o alzas o pueden subirse a un taburete. Pero yo no puedo dormir, a pesar de haber probado remedios homeópaticos, farmacéuticos y toda clase de rutinas que podáis imaginar, es imposible. Alguna vez llegué a pensar que lo mismo era una de esas personas nocturnas, que se vuelven creativas y son capaces de hacer algo en esas horas…pero tampoco; creo que durante una temporada escribí pero mis mus@s debían estar de copas o durmiendo. Reconoceré que sólo sé de un remedio para mi insomnio; remedio a medias pero con el que consigo adormilarme y descansar lo suficiente para no parecer al día siguiente un muerto viviente. Soy capaz de dormir con una persona al lado; obviamente, no cualquier persona. Supongo y, de hecho, sé con certeza que no es un gran descubrimiento ni soy la única persona que duerme plácidamente en compañía pero para mí no dormir se ha convertido en un hábito y saber que conozco el remedio pero no tengo modo y manera de usarlo es frustrante.

Así que Morfeo y yo quedamos todas las noches, nos miramos a los ojos, a veces incluso puedo sentir como me deja recostarme poco a poco contra él pero siempre acaba soltándome y yo me quedo perpleja esperando que vuelva. A veces tarda tan sólo unos minutos y otras veces, pasan las horas. Durante ese tiempo me entretengo mirando tu fotografía en el teléfono móvil, recorro tu rostro con mis dedos refrescando tu imagen en mi mente: la expresión de tus ojos con esas pequeñas arruguitas alrededor cuando te ríes, el palpitar de la sangre bajo la piel del cuello, como se curva tu boca cuando hablas, cuando sonríes, cuando hablas mientras me miras a los ojos. Más de un día me he despertado con el móvil en la mano y sonrío, es divertido saber que por una noche has usurpado el lugar de Morfeo, que me da la espalda indignado noche tras noche sabiendo que cualquier día dejará de hacerme falta.

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