Feliz Navidad, Darwin

Caminando por el centro comercial ha sido inevitable verme arrastrada por una multitud en una y otra dirección. No pretendía ni mucho menos ir a un lugar atestado de gente en plena euforia de compras compulsivas, simplemente pensé que dar una vuelta sería agradable sin percatarme que estaba adentrándome en la boca del lobo. Pasillo arriba, pasillo abajo, esquivando niños, bolsas, carros, más bolsas, juguetes, promociones y, de fondo, un jingle repetitivo que evoca bucólicos paisajes navideños con nieve, árboles decorados y familias felices que se reúnen en torno a una chimenea. El intento ha sido bueno pero no lo suficiente como para convencerme.

En estas fechas veo como las personas desatan su lado más salvaje, digno de un documental de National Geographic. Porque, tan solo con fijarnos un poco, te darás cuenta que, en estas fechas, nos parecemos más que nunca a cualquier escena que pueda desarrollarse en la sabana africana o en una selva tropical. Nos movemos por grupos, algunos incluso se aventuran en solitario, depende del terreno. En lugares concurridos siempre es mejor tener compañía, sobre todo si son estrechos; en lugares más amplios hay más movilidad. Realmente no necesitas nada pero te mueves entre perchas, colgadores y estanterías con fluidez, te deslizas entre ocres, grises, azules…no te llama nada excesivamente la atención hasta que esa señora coge una prenda con la mano y la extiende ante sus ojos. Ahí comienza todo; como un tiburón ante el evocador aroma de la sangre, te lanzas hacia el mismo lugar que ocupa esa mujer y coges ese jersey pero, ¿qué ocurre?….NO es igual que el que tiene tu competidora. Y entonces es cuando la impaciencia se apodera de ti: no está segura de querer ese jersey pero tampoco lo suelta y lo deja donde estaba. Amaga y tu te impacientas y te marchas. La escena se repite en cada tienda,  joyerías atestadas que venden kilates de amor en forma de pulsera, pendientes o gargantillas; juguetes que, al peso, demuestran la importancia de un hijo para sus padres; videojuegos que crean un universo de fantasía, ese mismo universo que ya no eres capaz de crear con tu mente…

Así que Darwin, déjalo, no entres, no quieras ver en lo que realmente nos hemos convertido, ni quieras ver como hemos modelado a nuestro antojo tu teoría de la evolución; ten cuidado, quizá hasta quieran cambiártela por una tarjeta regalo. Feliz Navidad de todos modos.

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