Las puertas del cielo

 

Entre el cielo y la tierra no hay una distancia tan larga como la que crees ni como la que pienso. De hecho creo que, a veces, la tierra es una continuación del cielo; otras el cielo y la tierra están separados por un abismo descomunal. ¿De quién fue la genial idea de crear dos mundos separados cuando uno es el telón de otro?. Paraíso o infierno, estoy en la tierra o al menos eso es lo que me han estado contando desde hace años.

La historia escrita en el cielo es familiar para mí. ¿Cuántas veces has mirado al cielo buscando una respuesta?, ¿cuántas veces te has sentado en la arena de la playa y has elevado tu rostro hacia el sol?, ¿en cuántas ocasiones has recorrido con tus ojos las constelaciones y has esperado ver una estrella fugaz?. De los veranos en el pueblo, cuando era pequeña, recuerdo el manto de estrellas sobre una noche cerrada y oscura, las estrellas lo invadían todo y había miles de ellas miraras donde miraras; era complejo distinguir constelaciones. Ahora apenas consigo ver una constelación en el firmamento y todo debido a que la luminosidad nos ha invadido, aunque no por ello lo veo todo más claro. Extraño la sensación de tener semejante bóveda de estrellas encima de mi de vez en cuando; me sentía chiquitina como los puntitos luminosos que veía en el cielo y, lo más curioso, es que en cierto modo sentía que “vivía” de forma acompasada con el palpitar del universo. A día de hoy, a pesar de estar conectada con el mundo (de forma virtual en mayor medida) más que en aquella época, he perdido esa conexión; ya no miro al cielo, de hecho, muchas veces ni miro al frente, miro al suelo, para no tropezar y caer con tanta gente sin rostro.

Mi giro de 180º grados no ha sido el más afortunado y, aunque tampoco sea la boca del infierno, echo de menos asomarme de vez en cuando a las puertas del cielo. Algunas veces, aún con los pies a ras de suelo consigo vislumbrar una claridad cercana a la que obtendría en sus puertas, sobre todo si estás cerca. Quizá las puertas del cielo estén al doblar la próxima esquina, girando por aquella calle a la izquierda, en la ciudad donde vivo, en una que he visitado o en alguna que aún no conozco; cuando las encuentre, os contaré como me ha ido.

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