No se lo cuentes a nadie

No se lo cuentes a nadie pero necesito decirte algo ¿A qué la frase te resulta familiar? Pienso, pienso y pienso e intento traer a la mente cuantas veces un amigo, una amiga, un compañero o compañera de trabajo, un familiar me ha dicho esa frase en cuestión. Nadie tiene que enterarse, ¿no?, se supone que ahí está la clave, entonces ¿por qué esa necesidad de contarlo? Cabe decir que me refiero a algo que va más allá de un comentario banal o un cotilleo, algo verdaderamente importante. Algo que me asombra es que en la faz de la tierra tan sólo el ser humano y el perro son los únicos animales que guardan secretos, en el caso del perro es muy sencillo puesto que su secreto se ciñe al lugar donde ha guardado su hueso o su juguete pero si hablamos de personas la cosa se complica.

¿Por qué las personas guardan secretos?  Millones de posibilidades, millones de personas, millones de respuestas pero entre ellas las más habituales serían que tenemos miedo a ser juzgados, que nos miren con desaprobación, miedo a que nos roben una idea, miedo a que las cosas cambien, miedo a no ser lo que los demás creen que eres, etc ¿Y si los secretos nos esclavizan por qué nos empeñamos en guardarlos? Podríamos debatir de esto durante horas delante de un café, una copa de vino o un buen whisky. Realmente un secreto, como secreto en bruto, es aquel que no sabe nadie más que nosotros. Y guardamos secretos, lo hacemos a pesar de ser conscientes, en muchas ocasiones, que hacerlo hará daño a otros y no hace falta ser mala persona para que así sea. Por otro lado, hay secretos que guardamos hasta el final de nuestros días porque, quizá su revelación puede desencadenar una serie de sucesos que acaba de forma fatal hiriendo a alguien importante para nosotros.

En mi caso suelo ser bastante buena, o mala, según se mire, guardando secretos; a veces son tan secretos que se me acaban olvidando y, en el caso de ser el recipiente en el que alguien decide volcar una preocupación o algo similar, no siento la necesidad de compartirlo, me siento en el deber de salvaguardar la confianza depositada en mi. Comenzar a escribir en este blog me convierte en una persona aún más transparente de lo que ya soy (sobre todo contigo, no me preguntes por qué) y no solo lo digo yo pero lo que ves (en este caso lo que lees) es lo que soy. Aún así, en mi fuero interno, hay algún secreto que otro, nada inconfesable. Como William Penn dijo ” es sabio no hablar de un secreto; y honesto no mencionarlo si quiera”.

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