Bucle

Por un momento me sentí verdaderamente atrapada. Sentada en mi habitación contemplé paredes y techo en repetidas ocasiones; estaba intranquila. Debería estar acostumbrada a lidiar conmigo misma pero, incluso después de un buen puñado de años, a veces, me resulta complicado. De forma periódica me veo inmersa en un estado de reflexión que me es imposible evadir, os aseguro que lo intento pues, como toda reflexión, las conclusiones son variadas y no siempre del gusto de la anfitriona. Pero ya se sabe, cuanto más intentas esquivar algo o apartarlo para otro momento en el que sea más sencillo enfrentarse a ello, más complicado es hacerlo. Mi estado físico no acompaña; me siento fatigada, cansada. Últimamente el trabajo es de proporciones faraónicas, duermo poco o nada (Morfeo es inflexible conmigo) y, al volver a casa, hay muchas más cosas de las que ocuparse. En función de los días me gustaría estar algo más ociosa, no nos equivoquemos, adoro estar en modo activo pero entre las consecuencias que eso provoca, implica que frenar sea mucho más complejo.

Consigo forjar soluciones a problemas que aún no se han hecho patentes o a situaciones que aún no se han dado, mi mente adelanta acontecimientos y se prepara para ellos; es agotador pero no sé como pararlo. En parte no me ayuda el ritmo que llevo y el ambiente que me rodea. Me levanto a sabiendas que encontraré un atasco tremendo para llegar a trabajar, que todo son prisas, que el trabajo que hay que hacer era para hace dos semanas (aunque nadie me lo haya dicho hasta hoy); solvento incidencias hoy que evitaran males mayores dentro de un mes. Creo que necesito resetearme y modificar el interfaz de usuario. Curiosamente sé lo que me apetece, lo que quiero, lo que tengo que hacer para conseguirlo pero no sé porque no consigo poner la maquinaria en marcha. No es miedo pero tampoco sé lo que es, creo que por delante de mi, de forma inconsciente, se adelantan personas significativas en mi vida, como cuando abren una nueva caja en un supermercado y yo me quedo la última. Y no sabría decir en que lugar te encuentras, los números no pautan mi vida ni quiero que lo hagan, de sobra sé que estás en las primeras posiciones. Por otro lado la teoría de la relatividad me respalda: diez horas o dos días no tienen la misma duración e importancia para todo el mundo pero ¿sabes una cosa?, eso también me da igual, exactamente igual que los 180 minutos que hay entre nosotros.

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