El anuncio (I parte)

Me ha venido a la cabeza sin más, con una nitidez asombrosa a pesar de no haberlo visto en años. Recuerdo el anuncio de aquel coche, recuerdo palabra por palabra el mensaje que pronunciaba aquella voz grave mientras las imágenes se iban sucediendo. La música se compuso especialmente para ese spot y, cuando lo vi por primera vez, me quedé pensando en el mensaje que iba más allá que lo que estaba escuchando. Os lo dejo escrito para que lo recordéis, aunque también podréis verlo aquí.

“Fíjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fíjate bien. El material del que estáis hechos es blando y su energía depende de la oxidación ineficiente de la materia orgánica. Entráis cada noche en un estado de coma y soñáis, pero ¿de qué sirven los sueños si casi nunca se cumplen?  Pensáis  – es cierto – pero os equivocáis frecuentemente y a la menor variación externa perdéis vuestra eficiencia. Sois alterables, sois imperfectos. En cambio yo….preferiría sentir lo que sentís”.

Hoy me he hecho sangre en el brazo sin querer, noté un picor agudo y me rasqué. Ha sido una herida mínina, pequeña, apenas un rasguño pero ha salido una gota de sangre y me he quedado pensando. Al salir de la ducha he visto que aún tengo una cicatriz en la pierna, una rayita más oscura que la piel (mi tono de piel es muy pálido) fruto de una herida que tampoco dolió a priori pero que sangró de forma abundante y a la que le costó cicatrizar. Es entonces cuando he sido consciente total y absolutamente de la fragilidad que me envuelve de los pies a la cabeza. Una pequeña herida que se produjo en septiembre aún sigue presente cuatro meses después; el cuerpo está trabajando para reparar el daño pero la huella de aquel momento está cincelada en mi piel. Un golpe, un empujón, resbalar con el suelo húmedo, torcerse un tobillo, una caricia, un beso, un rasgar de uñas, acariciar el cabello…hay mil gestos diarios que dejan cicatrices en tu cuerpo y en el mío. Es mágico y al mismo tiempo perturbador; no me he preocupado por mantenerme “a salvo” todo este tiempo y, en un segundo, veo como una vorágine de sucesos puede hacer que mañana sea mi último día. No, no mires esto con esa cara de extrañeza, es una posibilidad como cualquier otra; el hecho de no contemplarla te aleja de la realidad y te hace aún más frágil. No quiero dejar de decirte que la cicatriz más bella es tu ombligo, quizá tampoco lo hayas pensado hasta ahora, pero tu cicatriz es fruto de otra cicatriz en otro cuerpo. Tu historia comienza dejando huella física y psiquicamente en un cuerpo tan fuerte y frágil como el tuyo, por eso me gustaría que descubras el valor que tiene una cicatriz.

Durante unos días lleve tu “cicatriz”, una huella fortuita y descubierta después de un par de días; nos reímos de ella y el tiempo que estuvo conmigo era la crónica de un suceso ya pasado. Ha desaparecido hace mucho tiempo pero la “cicatriz” está ahí; vivir con ella es señal de vida, por eso me gustó tenerla, por eso quiero que el choque de trenes tenga lugar otra vez y descubrir una nueva historia en mi piel. Solo tienes que decir que sí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s