La otra cara de Laura

Variando la ruta de vuelta a casa, la cual ha sido un fracaso total, por cierto, me he visto envuelta en un atasco que únicamente se podía combatir con paciencia. Coches de policía oficiales y no oficiales, me he echado a un lado y como se estaba formando un lío bien grande he desviado la mirada y la atención. Hay una chica esperando junto a una parada de autobús, pero no es transporte lo que está esperando. Tiene cara de llamarse Laura, no sé porque, pero me pareció que tenía un nombre sencillo y Laura me vino a la cabeza como un relámpago en medio de la noche.

Laura es de estatura media, una chica normal de unos 25 o 27 años, con el pelo castaño, largo y liso. Tiene en sus manos lo que parece ser una Blackberry en la que teclea sin cesar (bendita maldición tecnológica) y levanta la mirada de vez en cuando para observar a su alrededor. Está claro que espera a alguien y, o bien ella ha llegado demasiado pronto, o la persona a la que espera se está retrasando. Parece relajada y sonríe cuando mira la pantalla del teléfono. De repente, levanta la vista y desliza el teléfono en su bolso, sin mirar, tanteando con la mano el hueco para soltarlo como si le quemara en las manos. Se acerca un chico, su chico supongo. Se dan un beso sin ganas y entablan una conversación. Poco a poco puedo ver como un mohín de tristeza envuelve los labios de Laura y como sus ojos van perdiendo el brillo de forma progresiva. Puedo ver como encoge por momentos, no sé lo que está pasando, pero Laura se va haciendo pequeña hasta que su chico, en un gesto inesperado suelta la mano y le da una bofetada.

El tiempo se ha parado, el viento ha dejado de soplar, no hay ruido de claxón, ni sirenas de ambulancias, ni motores esperando el verde del semáforo. Se me revuelve el estómago y giro la cabeza; tanteo el cinturón de seguridad para salir del coche. Consigo desasirme de tan improvisado secuestro y abro la puerta esperando ver a Laura. Pero ella no está donde debería; sigue a “su chico” con gesto suplicante, la oigo llorar a pesar de la distancia reclamando su atención. Él se gira con gesto amenazante y la mano en alto, Laura retrocede unos pasos y cuando él vuelve a caminar, Laura le sigue a distancia. La boca me sabe a sangre, cojo las llaves del coche de nuevo, solo quiero volver a casa.

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