Autosabotaje

Como cualquier rebelión o motín, las cosas comienzan a cambiar de forma sutil, apenas son pequeños matices que despuntan en una rutina. A medida que el tiempo pasa, los sucesos se magnifican y la sutileza da paso a otras señales menos ingeniosas y delicadas. Sufro de autosabotaje y no, no soy hipocondriaca ni nada parecido, pero esto se empieza a notar y mucho (guiño – guiño).

Imaginad que disponeis de 45 minutos para prepararos antes de salir para ir a trabajar. Durante ese tiempo te dedicas a despegarte de la cama, levantarte, asearte, desayunar, vestirte, bla bla bla; todas esas cosas que hacemos cuando nos levantamos para ir a cualquier otro sitio. Si ese tiempo fue suficiente hace, digamos 3 o 4 meses, para hacer todo lo que una mujer tiene que hacer antes de salir por la puerta, ¿por qué ahora sufro de un retraso en mi horario de 15 minutos? !!! nada más y nada menos. Me sincero con vosotros si os digo que no sé donde invierto esos 15 minutos, de verdad; si me tengo que maquillar generalmente lo hago en el coche cuando consigo aparcar, ya que me sobra tiempo así que, desconozco en que se va ese tiempo. Y ahí me tenéis, esta mañana sin más en la cocina, con dos manos que parecían dos pies y dos pies que parecían dos manos; nada a derechas, todo al revés. Y después frente al armario, con un ataque de tos de aúpa y con el sempiterno qué me pongo… qué mas dará me dice mi otro yo, mientras en medio de tal batalla dialéctica me congelo en ropa interior. Un color, una idea y alargo la mano para coger un pantalon y un jersey y eso no es lo mejor. ¡Hasta tres veces he llegado a abrir y cerrar el cajón de los calcetines! y era consciente desde la primera apertura, que los calcetines que estaba buscando no estaban allí pero no sé si mi mente pensó que mi cajón era una especie de facsímil de el gato de Schrödinger…, esta claro que la mecánica cuántica y los calcetines nunca se han llevado bien o eso creo.

Cuando creía que mi proceso estaba acabado, ha llegado el momento de las botas, equilibrios sobre un pie y saltitos varios dignos de un espectáculo del Cirque du Soleil con las llaves del coche en la mano…miro el reloj y veo que saldré de casa 15 minutos más tarde de lo que tendría que ser habitual. En el ascensor he pensado que si bien mi cuerpo me da avisos porque no se siente cómodo (del todo respetable y a tener en consideración), mi mente está obviando las leyes del decoro y la educación; tendré que hacer algo al respecto, está más que claro.

P.D.: Para el que no se crea que el día estaba siendo raro, raro, en mi camino al trabajo he dejado dos Mercedes Vito atrás, una granate y otra verde…¿casualidad? NO LO CREO

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