El nuevo vecino (segunda parte)

Cuando Guille salió del ascensor, vamos, cuando su madre se lo llevó después de haberse aferrado a mi dedo y mientras veía su puño asomando por el lateral del carrito, mi cabeza comenzó su andadura. Pensaba en Guille, en como algo tan pequeño como pueden ser dos células se puede convertir en algo tan grande. Me da la sensación que la versión abreviada de “papá pone una semillita en mamá…” y todo eso se queda un poco corta, ¿no?, es decir, la parte técnica por todos es sabida pero, una vez que las dos células en discordia se han juntado, ¿qué más pasa?.

A priori suena absurdo y, si os soy sincera, no me había planteado esto hasta que vi a Guille (y he trabajado con bastantes niños); lo dicho, suena absurdo y tonto pero me asombra pensar que de dos células que no llegan ni a 0.20 mm entre las dos, después de nueve meses, consigan devolver como resultado una persona con todo lujo de detalles y en alta definición. Puedo juntar dos células de la piel, dos células de un órgano concreto, dos células cualquiera pero que sean iguales…perfecto, no os preocupéis, trabajarán juntas para generar más tejido del órgano al que pertenezcan. Sin embargo, estas son las dos únicas células distintas que son capaces de trabajar en equipo y es el único modo en que la una le aporte sentido a la otra. Cada una aporta sus 23 pares de cromosomas y ¡hale! a trabajar, ¿de verdad todo lo que soy ha comenzado de algo tan pequeño como puede ser el punto que hay al final de esta frase (o incluso más pequeño)?. Creo que si hay algo de magia en este mundo, esta es una de esas cosas que tienen que tener al menos una pizca para que el resultado sea el que es.

Sé que hay un código genético, una cadena de ADN kilométrica e inabarcable, estudios, investigaciones…pero qué queréis que os diga, un cuerpo que literalmente “fabrica” a otro en nueve meses… sólo una cosa, aún puedo ver una sombra en mi piel de una herida que me hice hace 6 meses en la pierna; acudo a la lógica para lograr entender la diferencia, son células, se regeneran y se reparan. La imagen de Guille vuelve a mi cabeza con sus enigmáticos ojos brillantes de ningún color y pienso que, si bien las personas somos capaces de hacer cosas increibles, de superarnos día a día, de lograr lo nunca visto, quizá los mejores trucos de magia no sean para hacerlos solos.

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