Domingo 1 de abril, 12:30

12:30. Inmóvil en mi habitación noto como una fuerza me atenaza el pecho. Me tiemblan hasta las manos y una emoción que hacía mucho tiempo no sentía se desborda por los ojos. Todo es respetuoso silencio incluso aquí; las campanas de una iglesia cercana suenan como el gorjeo de un pájaro en primavera. No lo puedo controlar ni quiero hacerlo, está bien así, quiero que sea así. Orgullo, respeto y admiración se mezclan con un inabarcable sentimiento que no se puede ni podrá definir con palabras. Cierro los ojos como si pudiera transportarme al lugar donde quiero estar, donde debería estar; noto como el corazón se acelera sin más, como resuena con sonido grave y rotundo, a dúo en la distancia.

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