Síndrome del miembro fantasma

Siempre me causó curiosidad escuchar acerca de este síndrome, no una curiosidad morbosa sino una curiosidad por saber que se siente, por alcanzar a imaginar las sensaciones que pueden experimentarse. ¿Qué por qué escribo acerca de esto? Supongo que en algunos momentos, más estos últimos días, he sentido como si se hubieran llevado una parte de mi y ahora solo queda un espacio vacío, yermo y gris que contemplar en pie.

La consciencia, como cualquier otra percepción vinculada a nuestra mente es esquiva, escurridiza, inconstante. Hay momentos en los que somos plenamente conscientes de todo cuanto nos rodea, incluso de una forma dolorosamente vivída que nos golpea de un modo implacable y, en otras ocasiones no vemos ni la mitad de lo que nos rodea, como si una parte de la consciencia estuviera escindida del resto. En mi caso alterno las estancias en un lado y en el otro, me temo que frecuento más el lado doloroso que el que logra atenuar momentaneamente las molestias.

Y como dice ese poema de Benedetti “… no congeles el júbilo, no quieras con desgana, no te salves, no te llenes de calma”, pero como en las peor de las pesadillas estas cosas acaban pasando y me redescubro sin sonrisas y lo que es más grave, sin ganas de sonreir. Así que mi peculiar síndrome del miembro fantasma está ahí, una presencia intangible que hace daño; cuando pienso en ello siempre me viene a la cabeza una imagen de alas rotas, unas alas blancas inmóviles, alas plegadas a la espalda, alas que ya no saben volar, como la dueña.

La mejor defensa es un buen ataque (Morfeo III parte)

Y como ataque no está nada mal, para que os voy a mentir. Desde hace un par de semanas era consciente que la conjura que fraguaba para mí iba a ser desmedida. Ya me había dado cuenta con las pequeñas señales: un tic en el párpado superior derecho, cansancio generalizado, fatiga… Incluso mi doctora me hizo análisis por si esto derivaba de algo más serio pero ni por esas; según las palabras de mi doctora mis análisis no solo están bien, están más que bien.
– Anda, tómate estas pastillas durante diez días y vamos a ver si logramos que descanses de una vez. Son muy pequeñas, sólo has de tomarte la mitad – me dijo mientras cliqueaba en el ordenador para imprimir la panacea que habría de ser la cura de mi falta de sueño.
Recuerdo haberla mirado con esperanza, las veces que he estado en su consulta ha sido muy cercana, me ha hablado con camaradería incluso y se tomó su tiempo, nada de despacharme rápidamente, al contrario.

Durante esos diez días, dormir no dormí excesivamente, se sucedieron intervalos algo más extensos de sueño antes de desvelarme en mitad de la noche y darme cuenta que aún faltaban horas para levantarme física y mentalmente. Permanecer despierta durante tanto tiempo es una mierda (perdón). Se supone que mi cuerpo y mi mente han de descansar y regenerarse y para ello necesita unas horas de descanso, unas horas de sueño de las que no puedo disponer. La última vez que dormí como un bebé fue hace poco más de dos meses (cuando no duermes nada, atesoras el recuerdo de noches como esa), podría haber aterrizado una nave alienígena a pocos metros de donde estaba y os aseguro que ni me hubiera dado la vuelta. Conclusión: había presentado batalla de todas las maneras posibles pero el inconveniente de tener un enemigo tan intangible y cambiante como puede ser Morfeo, es que la estrategia se quede corta. La lógica del sueño no tiene sentido si está en sus manos y esperó paciente el momento para llevar a cabo la tan esperada venganza.

Recuerdo las noches que he dormido por lo excepcional de las mismas pero esta noche puedo decir que también la recordaré. He perdido la cuenta de las vueltas que he dado en la cama, de la impaciencia por no poder conciliar el sueño me he golpeado contra la pared, he tenido taquicardia (dos veces) y no sé cuantas cosas más me han pasado esta noche. Mi ángel de la guarda, el que me ayuda a descansar y a dormir de vez en cuando, el que está ahí aunque no lo vea, el que se ha ganado sus alas por méritos propios; a ese ángel lo necesité esta noche más que nunca. Morfeo no se acerca a mi cuando está cerca, quizá sea temor, quizá respeto o un poco de ambos; ojalá escuche mi llamada y venga más pronto que tarde.