Capital de riesgo

Cuando las musas te abandonan poco se puede hacer. Yo me enfado, aunque sirve de bien poco; al igual que Morfeo, las musas son caprichosas y su efecto, pasajero y efímero. Estaba acostumbrada a escribir un post casi todos los días a pesar del trabajo y de las ocupaciones diarias, pero las musas desaparecieron sin más y, por supuesto, sin dar explicaciones. Pienso sobre este periodo de sequía literaria (desconozco si ha acabado ya o durará mucho más tiempo) e intento llegar a la raíz del problema. Por un lado quiero pensar que quizá se me hayan acabado las ideas o ya haya dicho todo lo que tenía que decir pero, casi a diario, cuando conduzco, sobre todo, me asaltan ideas que procuro plasmar en mi agenda para retomarlas después frente al ordenador. He llegado a la conclusión siguiente: mis musas surgen, sobre todo, en torno a las personas que conozco y que, parece ser, me inspiran temas de todo tipo.

Lo de este post en concreto ha sido curioso. Primero me vino el título a la cabeza e inmediatamente el tema, cuando, por regla general, el título se me ocurre una vez que llevo escrito buena parte del post. Si pensamos en capital de riesgo nos viene a la cabeza términos relacionados con la economía, inversiones, beneficios, ganancias. Me dio por pensar que las personas, todo el mundo en realidad, realizamos “inversiones” que conllevan un compromiso de “recursos” personales muy, muy alto. Me explico porque, de buenas a primeras, suena cuanto menos raro. En las relaciones personales no superficiales (definamos no superficiales aquellas que no se mueven por el interés o por otro tipo de beneficio unidireccional) se pone encima de la mesa buena parte de lo que eres y como eres. Hablo por supuesto, de personas sin malas intenciones y relativamente transparentes. En ese primer periodo, digamoslo así, se pone toda la carne en el asador. ¿Qué por qué con ciertas personas, en ciertos momentos te da por hacer eso? Supongo que, al igual que en una inversión, ves que hay potencial: ves una buena persona, ves unos valores, ves que hay cierta química, ves que encajas, etc. Y decides que por qué no, al fin y al cabo, quien no arriesga, no gana. Pero siempre hay que pagar un precio, más aún cuando las cosas no salen bien o llega tal punto que consigues rescatarte aún estando con el agua al cuello. Y comienzas a desconfiar de tu buen olfato, de tu percepción acerca de las personas, de lo que dicen, de lo que hacen, incluso cuestionas el lenguaje corporal que es dificilmente manipulable.

Me pongo a pensar en esas “operaciones” en las que me he puesto en juego sin más; algunas cosas no están hechas para la lógica ni para ser analizadas. Supongo que soy una emprendedora sin remedio, quizá sea eso. Creo que las musas se están marchando porque las palabras se agotan aunque como despedida me dejan una imagen, no sé porque han elegido esta en concreto. Son tortugas, tortugas pequeñitas que nadan en una pecera inmensa. Hay una de un verde más brillante y más intenso que las demás que juega con la corriente que crea el filtro y me resulta simpática. Se acerca al borde y, al acercar mi dedo a su cabeza no se aparta sino que busca el contacto y me sorprende, me sorprende de tal manera que me deja sin palabras.

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2 pensamientos en “Capital de riesgo

  1. Las inversiones siempre dan fruto, aunque a veces no es el esperado, pero siempre dejan al menos algo nuevo que aprender. Y las musas, bueno, acabaran volviendo, todos necesitamos un descanso de vez en cuando.

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