Y abrázame fuerte, que no pueda respirar…

“Naúfrago de un mundo
hecho a tu medida.
Ansiosa es la huida
que pone alas a tus palabras”.

Son cuatro versos de uno de mis poemas. Un poema de hace mucho tiempo que, curiosamente a día de hoy, logra encontrar la pieza que encaja con él. Rebuscando en mi memoria logro dar con otro de mis poemas que encaja del mismo modo con esa pieza que faltaba, aunque los versos no los recuerdo de forma tan nítida. Un naúfrago se preocupa por sobrevivir, por el día a día. Intento pensar como un naúfrago, fusionar tu pensamiento con el mío para saber más, para aproximarme de un modo más exacto a tu mundo, pero no soy capaz de verlo como quiero. Acabaré poniéndome de puntillas, como si lo viera, la curiosidad precede al interés, en mi caso ya hay más de lo segundo que de lo primero.

Naufragar es perderse en un elemento que no es tu hábitat natural para luego encontrarte de nuevo, como el fenix cuando resurge del extinto fuego. Ahora el mar también es tu elemento y forma parte de ti. Oye, ¿puedo preguntar?, bueno, a lo que iba, ¿los náufragos necesitáis abrazos o podéis prescindir indefinidamente del contacto? Pisar la orilla de tu playa es divertido y hundir los dedos de los pies en la arena húmeda; me gusta, es diferente y me hace sentir cómoda. Me miras con cara de ¿y ahora qué?. Veamos… déjame acercarme, hay que empezar por el principio. Pero cuando doy el primer paso retrocedes la misma distancia que yo avanzo; frunzo el ceño pero ahora al que le parece divertido es a ti. Por si no lo sabes, no sería capaz de hacerte daño, aún puedo reconocer cierta fragilidad en algunas partes de ti y sabes que es cierto. Esconderse bajo una coraza puede ser útil pero al final del día pesa demasiado; yo, vos y nos lo sabemos.

Venga, nos lo jugamos a los dados aunque ya sé que ganarás tú; tu juego, tus normas,  aún así, sigue siendo divertido. Me observas fijamente, en eso llevas ventaja y lo explotas; eres competitivo hasta en las distancias cortas sabiendo que me lleva tiempo fijar mis ojos en los tuyos. No estamos ni a dos palmos, tan cerca pero tan lejos. Hueles a sal, a mar, a arena fina, a sol y a nubes. Un abrazo, sólo eso, un abrazo que encadena mis latidos a los tuyos, un diapasón compartido que marca el ritmo. Me gusta, lo reconozco. Esa sensación de sentirse atenazada firmemente pero envuelta en un halo de delicadeza.

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