La mecánica del beso

El viernes fue un momento de dispersión. Encuentro relajante caminar por una ciudad que no conozco, deambular por las calles y dejarme llevar por el paseo. Últimamente no paseo como antes; quizá la razón haya sido que he estado inmersa en una vorágine de trabajo y ocupaciones diversas que me han hecho alejarme de situaciones cotidianas como pueda ser pasear sin rumbo fijo. Allí estaba yo, en medio de Bilbao como quien dice, paseando por las calles. No recordaba mucho de la ciudad todo sea dicho, pero al volver a verla me pareció simple y llanamente muy bonita, simple y sencilla. Bajando por una cuesta que daba a una explanada,  entre dos edificios enormes, los vi. Al principio no me llamaron especialmente la atención, es decir, hay gente por todos sitios pero un momento después estaba embelesada viendo lo que estaba sucediendo (sé que es de mala educación mirar, pero era magnético).

Eran jóvenes, tanto ella como él no llegarían a los veinte años pero, de todos los besos que he visto en mi vida este me resultó especial. Supongo que lo que hacía aquel beso especial eran ellos dos y, desde que posé mis ojos en la escena que se desarrollaba en aquellas escaleras, no pude despegar la vista. Me aposté junto a un spa – gimnasio llamado “Metropolitan” y allí, junto a la ría de Bilbao, mientras empezaba a llover débilmente me sentí culpable y afortunada a partes iguales de ser una intrusa de ese instante irrepetible. Ella posaba una de sus manos en la nuca y en la cabeza y la otra en uno de sus hombros; a simple vista parecía como si apenas le rozara. Sus ojos estaban cerrados mientras él sujetaba con mimo su cara, a la altura de la mandíbula y la otra mano se aferraba a su cintura. Era uno de esos besos sin prisa, de esos besos que hacen que se pare el tiempo, que las partículas se queden suspendidas en el aire a la espera de volver a tener vía libre, un beso lento, pausado. Me pareció que estaban envueltos en un halo que los aislaba de todo y decidí dejar de mirar; ya había irrumpido en su intimidad bastante.

Caminé buscando el coche, mientras las nubes de color gris descargaban la lluvia sobre la ciudad. Pensé en ese beso, por fuerza tenía que ser dulce y suave, envolvente. Ahora que escribo estas líneas extraño esos besos, extraño ese acercarse de forma tímida, ese primer roce de labios, ese poso que deja una vez se acaba. Una vez alguien me dijo que escribo “valiente”, me gustó escuchar eso acerca de mi así que sí, extraño verte (estés donde quiera que estés), extraño la calidez de uno de tus abrazos y mirarte a esos ojos de color indefinido que me sorprendió descubrir. Echo de menos una cena improvisada con una botella de vino y reirme mientras me cuentas mil cosas y yo te interrumpo contándote mis batallitas. ¿Existe el beso perfecto? Me gustaría saber si entre tu competitividad y mi perfeccionismo podemos acercarnos…

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Un pensamiento en “La mecánica del beso

  1. me encanta la verdad es que lo he vivido y lo he visto muchas veces paseando sola como tu y he mirado a esas parejascon una cierta envidia por la ternura de cogerse las manos abrazarse con ternura etc como yo querria estar con alguien

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