Entre la cama y la pared

Entre la cama y la pared hay un abismo insalvable. Teniendo en cuenta que vivo en lo más alto de la más alta torre eso no debería ser un problema pero esta fosa abisal no es tan sólo una brecha en la orografía de mis noches. Tengo que reconocer que la pared junto a la cual esta pegada uno de los lados de mi cama resulta reconfortante, en la mayoría de las ocasiones, claro. Pero estas últimas semanas la sequía literaria se unió a la sequía ambiental. Cuando no puedes dormir, y lo digo por experiencia, la noche es larga, pesada y densa, muy densa. Ni si quiera Morfeo se tomo la libertad de irse de vacaciones; pensé que aprovecharía el calor para tomarse unos días de descanso ya que el verano le había tomado el relevo en lo de no dejarme dormir pero supongo que siente devoción por disfrutar de su hobbie.

Reconozco que a finales del mes de julio conseguí dormir unas cuantas noches seguidas debido al efecto sedante de un inesperado suceso. Me gusta pensar que hay algo que consigue bajar las revoluciones, que consigue darme paz y que me quede quieta y que duerma; y no, no es mi pared. Después volvieron los días de ojos abiertos hasta las tres de la mañana, de vueltas y más vueltas, de contemplar el cielo nocturno, de escuchar el silencio, de ausencias presentes, ausencias que palpitan junto a mí, de llevarte conmigo aunque no estés. Y es extraño, se me hace extraño pero ni por asomo lo cambiaría por algo distinto.

Y Morfeo a los pies de mi cama me ha contemplado, fijos sus ojos oscuros en los míos, esa oscuridad que he llevado presente en mis párpados a la luz del día. En el fondo me cae bien y creo que él también tiene una cierta simpatía por mi, aunque ni él ni yo lo vamos a admitir jamás; él es el despiadado semidios que todo el mundo adora pues sume a las personas en un estado de semiincosciencia y, para mi, es el burlón personaje que me desvela noche sí, noche también. Entre mi cama y mi pared dejo un espacio, un hueco con identidad propia que invado como esperando tropezarme contigo una vez más, un abismo al alcance de la mano.

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2 pensamientos en “Entre la cama y la pared

  1. Me identifico mucho con lo que escribes. Una parte de mí estuvo así mucho tiempo. La felicidad me venía a ráfagas y siempre dependía de una sola cosa: de él. A veces me preguntaba, porqué no podía ser el miércoles igual que el lunes anterior, en que mi vida era perfecta porque todo estaba en la dimensión que yo necesitaba y él parecía necesitarme de igual modo. Me ha costado aprender a vivir sin esas ráfagas que venían del mismo sitio, pero ahora estoy mejor. Hay que poner un poco de nuestra parte para que la paz verdadera llegue y nos invada. Puede que ya nada vuelva a ser igual de intenso, pero merece la pena intentarlo.
    Me gusta mucho leerte, suerte.

  2. Darling: Entre mi cama y mi pared existe una zona muerta que precede al espacio que ocupa mi pareja… Y entre el espacio que ocupa mi pareja y el mio, está el territorio comanche que okupa mi hijo!!!
    Yo también he descubierto qué es el no poder dormir.
    Un beso desde la Cornisa de la Costa del Sol !!!

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