♦ Las Crónicas de Ayari – IV ♦

Ayari duda por un momento si socorrer a su tío o dejarle unos momentos para que se reponga; Kohtaro siempre fue muy orgulloso y despreciaba cualquier signo de debilidad. Mientras sus ojos vagan perdidos por el pergamino, dirige la mirada a Ayari en varias ocasiones y, finalmente, se recompone con movimientos lentos y pesados.

– ¿Desde cuándo lo sabes? – pregunta apesadumbrado sin levantar los ojos.

– Tuve la certeza de que el rumor era verdad cuando pude verlo por mi mismo – Ayari replica a su tío con altivez, a sabiendas que posee una de las pocas armas que pueden destruir a un hombre.

– ¿Estás seguro? – Kohtaro eleva sus ojos brillantes esperando escuchar unas palabras que jamás llegaran.

– Muy a mi pesar, estoy convencido que la información es veraz – replica compadeciéndose de su tío, cuyo brillo en los ojos se esfuma del mismo modo en que el papel de arroz se consume ante el fuego-. Quizá ahora, más que en ningún otro momento, debería pensar si actuar o dejar a Yoshiro a su suerte; sabe tan bien como yo que su tiempo se acaba y cada día que pasa corre en su contra.

El pergamino se desliza de la mano de Kohtaro hasta el suelo que, recogido por una voluta de aire, lo aleja del cuerpo de su tío. Se siente despreciable, es consciente que cualquier palabra, cualquier ofrecimiento que le haga, supondrá la aceptación de las condiciones sin miramientos. Baja la mirada al suelo sintiéndose mezquino…¿cuán justificado está un acto deshonroso en pro de una acción necesaria y de mayor relevancia? Discurren ideas fugaces por su mente mientras se castiga a sí mismo por un acto de tamaña ruindad cuando percibe que su tío está erguido mirándole con severidad. ¿Dónde está el hombre que hace unos instantes estaba desmadejado ante las desagradables noticias de su hijo?

– Bien, necesito tu ayuda y lo sabes – el desprecio en su voz, como si escupiera palabras cargadas de veneno hacen que Ayari olvide la compasión sentida anteriormente por su tío y, ésta, es sustituida por una punzante ira-. Estoy en tus manos y, a sabiendas de la situación en la que está mi hijo, me gustaría actuar lo antes posible.

– Señor – Ayari escoge con esmero las palabras que va a usar a continuación pues sabe que son la clave – me temo que estoy en el derecho de solicitar su favor para una empresa que he de llevar a cabo antes de nada-. Si me lo permite, usaré los recursos en mi mano para proteger a Yoshiro pero, por el momento, esto ha de esperar.

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