Constipado emocional

Con la llegada del otoño se abre la veda de los resfriados. Si lo pensáis bien, hasta que no te empiezas a preocupar seriamente del frío no te resfrías. Es decir, estas en casa en manga corta, bebes agua de la nevera y sin más, te pones a mirar el tiempo. Mañana refresca – dice tu compañero de trabajo- mientras empiezas a pensar que vas a tener que comenzar a abrigarte más por las mañanas. Y ahí tenemos el origen del primer resfriado de la temporada: has convencido a tu cuerpo de que, realmente, no va a ser suficientemente fuerte para poder resistir en condiciones normales y te forras como si estuvieras en el polo. Y tu cuerpo ya no sólo tiene que lidiar con lo de fuera; tiene al enemigo en casa. Una sugestión tras otra se sucede a diario: estornuda la que se sienta contigo en el metro, te tapas el doble “por si las moscas” y, aunque lo haces con toda tu buena fe, no estas ayudando nada.

Algo similar sucede con nosotros a otro nivel. Generalmente, se ha asociado la parte emocional de una persona a debilidad. Lloras = eres débil (nadie se fija en que te has caído dos tramos de escaleras). Dejando a un lado los extremismos, es una infección por la que tarde o temprano hemos de pasar todos. Si tienes suerte, la pasaras en unas circunstancias mas “amables” que además te permitirán entender lo que te rodea de forma progresiva, asimilando los sucesos, integrando los cambios poco a poco. Por contra, en muchos más casos, pasar este trance no es tan simple. Realmente tampoco es culpa tuya, al fin y al cabo, hay ciertas pautas que nos indican que es lo socialmente aceptado y lo que no. Parece que no está bien visto que te emociones con algo, entonces eres “blandito/a” y para que queremos más, si lloras es que eres “demasiado sensible”, si no hablas “es que estás muy serio”, si observas lo que te rodea “es que es muy introvertido/a y no se relaciona”. Así que un día te plantas y dices que mejor te callas y te lo guardas. Y piensas que así te irá bien, ¿por qué no? Es un pensamiento tan válido como cualquier otro, ¿por qué no va a funcionar?.

Pues no funciona por qué, de momento, en los siglos que llevamos sobre la faz de la tierra no le ha funcionado a nadie. Esta es la cepa más difícil, un día detona por un suceso con o sin importancia. Y te ahogas, te pierdes, te ves arrastrado como una hoja a la deriva, y quieres expresar lo que te pasa, pero no te sale. Querido lector, sufres de un caso grave de constipado emocional. Si nunca has hecho algo ¿cómo te va a salir a la primera después de tanto tiempo? Si nunca has dicho lo que sientes, si estas feliz o triste, si estas preocupado o estresado, si te angustia algo que sucede a tu alrededor, si sufres, si sientes que un dolor te atenaza por dentro, ¿creías que sin más en un día podrías abordar todo aquello que había que hacer durante los años que has dejado atrás? Incurable no es, pero como todas las cosas nuevas, sobre todo las que no has hecho de forma habitual, acostumbrarse cuesta un poco. Yo también pasé mi constipado emocional hace años y sólo con el paso del tiempo te das cuenta de todo lo que te has perdido, de todo lo que has dejado en el camino. Así que ya sabes, si estos son tus síntomas, este invierno lleva tu nombre.

 

NOTA.: Dedicado a “Tiny man”, aunque han pasado años, las personas importantes no se olvidan.

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